“No hay que tener paciencia, sino buen humor”

Ramón Sampietro vive en Valladolid, su ciudad natal. Ahora tiene 30 años y regenta un geriátrico. “No me limito a cuestiones organizativas –afirma- , tanto para mí, como para mi madre y mi hermana, la residencia  es nuestra segunda familia. Convivimos con los ancianos y nos ponemos el traje de faena: nuestro lema es que no hemos de hablar de ‘tener paciencia, sino de sentido del humor en todo momento’. ¡Cuántas veces nada más limpiar y cambiar los pañales a uno ha de repetirse la operación a los 5 minutos: pues a reírse de la situación”.

Les movió a promover esta iniciativa, además de la demanda de este tipo de entidades en la actualidad, la ilusión de tener un trabajo en el que pudieran desarrollar una profunda labor social y ayudar a esas personas que aparentemente se encuentran en los peores momentos de la vida. “Digo que ‘aparentemente’ –señala-, porque cuando les trasmites cariño y les pones objetivos se revitalizan. Se decía de Juan Pablo II, ya en los últimos años, que no se sentía  ‘viejo’ porque en su corazón albergaba muchos proyectos. Eso es lo que intentamos que todos sientan en esta casa: tener proyectos”.


“El 80 % son mujeres  (ya se ve que nos sobreviven -bromea-),  10 padecen de demencia senil y otros 10 están aquejados de alzheimer.  El trabajo es duro. Paso en el centro más de 10 horas al día y los fines de semana cada quince días. Pero a poco que te des, enseguida comienzas a tenerles mucho cariño, y haces todo lo posible para que se sientan felices. Esto es una compensación maravillosa.  Hay momentos malos, por supuesto, y a veces tareas muy costosas y situaciones problemáticas. Pero son la excepción si se lleva con alegría”.

Comenta que ha sido el espíritu del Opus Dei el que le ha impulsado a tener esta dedicación,  en la que puede  acercar a estas personas a Dios en unos momentos difíciles  de la vida. “El mayor cuenta con 98 años y 8 son nonagenarios. Todos agradecen y acuden a la Misa semanal, muchos conversan personalmente  con el capellán y todos han recibido con emoción la unción de los enfermos. Ellos preparan la capilla, pintan para cada misa un retablo nuevo, varios Vía Crucis al año y llenan de flores naturales -o artificiales elaboradas por ellos- el amplio salón convertido en capilla. En Navidad pintan muchos Belenes y este año fabricaron 5 con figuras. Les encantó escuchar villancicos a 60 colegiales que acudieron a pasar un rato con ellos en esos días que se celebra el nacimiento de  Jesús. También a diario se lee un breve pasaje del evangelio proseguido de un comentario”, comenta.

Mi madre y mi hermana con una anciana que cumplía 100 años

“Otro lema clave que inculqué es que no se ve la televisión. Tenemos la experiencia de que así se sienten pasivos y poco animados. Nadie la echa de menos. Prefieren participar en todas las actividades que se organizan sin interrupción: taller de matemáticas, gimnasia y fisioterapia, baile y música, bingo, manualidades,  además del tiempo dedicado a logopedia y psicoterapia para aquellos que lo necesitan. Esto supone multiplicar el esfuerzo. Empleamos 60 horas semanales en terapia ocupacional de las 5 previstas legalmente”.

Durante una de las Misas

“Lo más duro son los fallecimientos –comenta-. He cerrado los ojos ya a bastantes y luego he dado la noticia a los demás: ‘ya está en el cielo’, les digo”. A la pregunta de si alguno ha insinuado algo sobre la eutanasia,  responde que “eso ni se lo plantean, no ha habido el menor comentario en los 6 años que llevo. El ambiente es de gran alegría, están rodeados de cariño, y hay un clima patente de esperanza”.

Durante una sesión de alegre canto

Le llaman con frecuencia a dar charlas en universidades y colegios para animar a los estudiantes a montar sus propias empresas. En ellas les anima a   “ser hombres y mujeres con inquietudes” y define  la vocación empresarial como “la ilusión que nos hace levantarnos cada día”.  Les insiste  en la idea de ser positivos y  “superar con ganas y sin amarguras los tiempos de crisis”. En definitiva, ser líder de uno mismo”.

Una fiesta al aire libre

En cuanto acabó la carrera a  los 23 años quiso ser  “un joven emprendedor” y se lanzó a esta aventura apasionante junto con su hermana,  muy alentados por su madre, de quien dice que es la verdadera promotora de todo:  “Ella es quien nos anima constantemente. Es el alma de la Residencia”.  También influyó la situación de su abuela, que necesitaba cuidados de profesionales. Proyectó un edificio de nueva planta con capacidad para que residieran 45 ancianos y atender otros 15 “de día”. Esto le está ayudando a pagar los créditos pendientes. Hoy regenta la residencia en la que trabajan 20 personas: “Nosotros sólo somos la cara visible de un gran equipo de profesionales”, afirma.  Por su audacia, junto con su hermana, fue galardonado con el premio de Joven emprendedor de 2006 en Castilla y León. Entonces su madre les dijo: “menos premios y a trabajar”. Esto le animó bastante y fue el lema que se impuso en lo sucesivo. La residencia tiene el nombre de Santa Teresita.

En la fiesta de difraces

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