Eusebio Orrasco, entre aperos y cereales

Soy agricultor y he sido alcalde de mi pueblo, Cogeces del Monte, en la provincia de Valladolid. Lo que más me costó para decidirme a ser del Opus Dei fue que no iba a tener tiempo para dedicarme a mi trabajo, la familia y a Dios; y humanamente no podría sacar tiempo para hacer un rato de oración todos los días, rezar el rosario, asistir a Misa, hacer apostolado, etc.; pero según fue pasando el tiempo y con esfuerzo veía que sí podía hacer todo, e incluso podía llegar a más. Antes de ser del Opus Dei perdía mucho tiempo en el bar o en conversaciones vacías y pesimistas que al final solo conducían al desánimo y  a no hacer nada positivo.

El punto número cinco de Camino dice: “Acostúmbrate a decir que no”. Yo lo interpreto como  no a la critica negativa, al pesimismo, a la envidia, al egoísmo y a toda esa retahíla de costumbres que se meten
dentro de uno que nos ata e impide que desarrollemos esas otras cualidades como son la alegría, la laboriosidad, la generosidad el optimismo, etc.


Doy muchas gracias a la Obra, que es mi familia, porque me ha enseñado a ver todas las cosas que me suceden con espíritu sobrenatural, y todas son para bien: desde una buena cosecha de cereales a una
tormenta que arrasa todo; desde una buena gestión en la alcaldía a una calumnia sin fundamento; de la alegría de conocer a un buen amigo a la traición de otro que le creías amigo. Todos estos hechos ordinarios, llevándolos con espíritu cristiano son muy enriquecedores y ayudan a santificarte en medio del mundo.

En las luchas del cooperativismo agrario, conocí a un buen agricultor que nos hicimos amigos y pudimos tener varias conversaciones y hablar de lo profesional, de lo humano y de lo divino. Este amigo en el año 2009 tenía una cosecha de cereales, patatas y remolachas extraordinaria, con la mala suerte que una tormenta le arrasó todo. Fui a verle y me enseñó las parcelas dañadas por el pedrisco, y daba angustia ver los cultivos tirados por el suelo y estropeados. Mi sorpresa fue la entereza con que recibió esta catástrofe, y me dijo: “Eusebio, esto me ha enseñado mucho, y creo que será para bien, por que Dios lo ha querido y me ha enseñado a estar desprendido”.

También tengo un Museo Etnográfico en el pueblo con las diferentes representaciones del medio rural, como la matanza, panadería, el pastor, la hilandera, la fragua,  etc., ambientado con personajes y
vestidos a la antigua usanza. Esto también me lleva un tiempo en limpiar y atender a las visitas. Me da mucha satisfacción porque los visitantes salen contentos, recordando tiempos pasados y espontáneamente surge la conversación de cómo se vivía antes y las necesidades que había, pero a pesar de estas carencias tenían más hijos, eran felices y más solidarios: En el entorno del museo hay un salón- merendero que lo uso para celebraciones de cumpleaños y fiestas familiares. También para quien lo desee proyecto algún vídeos de costumbres de antaño y de san Josemaría. Ya son varias las proyecciones  las que he puesto de este santo, que tanto ayuda a valorar la santificación de la vida ordinaria. Un día llegó una familia, que yo no conocía de nada, a ver el museo y me pidieron que les proyectase el vídeo del Fundador del Opus Dei. Después de verlo, estuvimos comentando la figura del santo y nos hicimos amigos. Este hombre y su familia me dijeron que estaban construyendo un Hotel Rural y les gustaría poner un Oratorio para realizar esta clase de actividades apostólicas. Ya le ha construido e inaugurado con una convivencia de cincuenta personas, incluido sacerdote.


Estoy muy agradecido a Dios de que me topase con un miembro del Opus Dei y me presentase a esta gran familia que es la Obra y que tanto bien me ha hecho y tantos complejos de desigualdad de clases me
ha quitado, pues yo tenía un concepto del Opus Dei en el que sólo podrían pertenecer la gente rica e inteligente, y he podido comprobar que para Dios no hay diferencias: es igual un conductor de autobuses
que un médico, un agricultor que un ministro.

En una tertulia que tuvo San Josemaría en la Clínica Universitaria de Navarra, decía que el éxito de la Clínica dependía del amor de Dios que se pusiera en hacer el trabajo: si una empleada de la limpieza tenía limpio los servicios y ponía mucho amor de Dios era más importante que el trabajo de un gran cirujano con menos amor de Dios.

Actualmente dedico bastante tiempo a labores de forestación, porque planté una parcela de más de veinte hectáreas de pino piñonero y almendros, y ahora hay que arreglarlos. Este trabajo es duro, pues primero hay que escañarles, después cortar el tronco y al final quemarla leña para dejar el terreno limpio y fuera de peligro de incendios. Esta costosa labor me lleva a dar muchas gracias a Dios porque da mucha alegría ver la cantidad de animales de todo tipo que anidan y conviven entre ellos, como son perdices, liebres, jabalíes y hasta algún venado.

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