Veo mi vida como una sorprendente aventura

Ruth García Alonso, Numeraria del Opus Dei desde hace 34 años, nos cuenta su trayectoria vital, desde su infancia y adolescencia, donde ha estado presente el dolor. Bilbaína, doctora en Filosofía, lleva veinte años dando clases de Filosofía. Logroño  fue su primer destino y luego Valladolid. Durante quince años en Laguna de Duero- y desde hace  cuatro años en el Instituto Núñez de Arce de Valladolid.

Desde muy joven, he aprendido  por mis padres, Supernumerarios del Opus Dei, que mediante la santificación del trabajo es como puedo hacerme santa, ayudar a los demás a serlo y santificar la sociedad. Estas enseñanzas de San Josemaría me ayudaron a intentar cumplir esta tarea con alegría e ilusión desde que empecé a leer y hacer ratos de oración con su libro “Camino”.

Las edades de mis alumnos oscilan entre los quince y los cuarenta y siete años, porque en el  Instituto Núñez de Arce, donde ahora trabajo,  hay sesión de nocturno en la que no hay límite de edad. A veces surgen problemas de lo más variado, dada la diversidad de personas que pasan por las aulas y el gran número de profesores que convivimos durante tantas horas al día. Pero en realidad son una convivencia y una tarea de lo más gratificante. Hace días, por ejemplo, una alumna de mi tutoría, canaria, me consultaba unos asuntos personales y me preguntaba cómo me integré yo en esta ciudad castellana viniendo del norte. Aprovechamos el tiempo que teníamos para hablar largo y tendido.

Sabiendo mi trayectoria vital, pocos habrían dicho que iba a dar “tanto de sí”.

Me explico: al llegar a este mundo sufrí una parálisis braquial derecha. Estaba sin movimiento el brazo, incluidos mano y dedos. Tras unos meses con el “brazo en alto”, hubo que esperar el comienzo de la fisioterapia en el hospital de Basurto, lo cual sucedió cuando tenía siete años. Al terminar las clases de la mañana me llevaban a hacer los ejercicios de recuperación con una fisioterapeuta. Allí tuve mis primeros contactos con la enfermedad y con personas valientes que llevaban con garbo el dolor. Después de ese año, sólo faltaban 15 grados de rectitud en el codo, pero ya era “zurda” por ser más fuerte el brazo izquierdo.

Al mismo tiempo empecé a realizar otras actividades que ayudaban a la cuestión: ballet, guitarra,  pala en frontón, natación y jockey sobre patines, sujetando el palo con la derecha.

Crecí en el seno de una familia numerosa entre juegos y alegría. En casa, mis padres nos enseñaban a procurar estar atentos a las necesidades de los demás, sobre todo las de los más pequeños. No se oía pronunciar el “yo” sino el “tu” y el “nosotros”. Era sencilla la adquisición de virtudes estimulada por el ejemplo de cómo las vivían los demás.


Siendo estudiante de 2ª de BUP a los 15 años, debido a una obstrucción cerebral hubo que implantarme en la cabeza una cánula que va del ventrículo cerebral al corazón y darme sesiones de quimio y radioterapia. Tras la operación las pupilas presentaban nistagmus y no podía fijar la mirada para leer. Para ir estudiando en casa mi madre me grababa en casets la literatura y la geografía y yo las escuchaba una y otra vez mientras ella estaba trabajando. La física, química y matemáticas me las explicaba mi padre mientras esperábamos las sesiones de terapia en el hospital por la tarde. Para hacer los problemas él me leía los enunciados y yo le iba diciendo las operaciones a realizar

En el curso siguiente se produjo de nuevo otra obstrucción valvular y llegué a estar en coma.  Recibí la Unción de los enfermos y me llevaron en ambulancia a la clínica donde me habían implantado la válvula. Hubo que reemplazarla por otra, pero esta vez no hubo necesidad de otras terapias. Terminé 3º de BUP en junio con buenas notas. Con ellas en la mano, mi padre me planteó cursar el curso siguiente cambiando de opción, de ciencias a letras. Consideraba que, tras los eventos vividos, me iba a resultar difícil ejercer la medicina, que era mi ilusión. No podía residir lejos de un hospital con medios (posible destino del MIR), ni hacer guardias nocturnas (la válvula requiere nueve horas de reposo horizontal). Concluí que iba a acabar siendo docente, ya que  me gustaban también estas disciplinas: Literatura, Historia, Arte…

Empecé COU y obtuve una nueva perspectiva al recibir las clases de Hª de la Filosofía con una filósofa apasionada de esa disciplina, así que decidí estudiar esa carrera. A pesar de una nueva obstrucción valvular, con la consiguiente operación para cambiarla por otra, cuando cursaba 4º, terminé la carrera con los de mi curso. Hice el doctorado y defendí la Tesis “Economía y Cultura en P. A. Sorokin”, un sociólogo ruso. Ese mismo año saqué las oposiciones de Profesor Agregado de Enseñanza Secundaria. Mis destinos docentes fueron dos años en Logroño y destino definitivo hasta hoy en Valladolid.

Con una mirada retrospectiva veo mi vida como una sorprendente aventura. Realmente mi vida pudo haber sido corta, pero gracias a Dios “ha durado” y gracias a la técnica mi vida se ha ampliado.

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