A TORRECIUDAD CON NUESTRA “MALETA BLANCA”

Ana de Castro, Supernumeraria del Opus Dei de Valladolid, nos relata sus recuerdos en estos años en los que ha participado en las Jornadas Marianas de la Familia en Torreciudad (Huesca).

Al preparar el viaje de novios, yo tenía el capricho de llevarle el ramo de novia a la Virgen de Torreciudad, para poner la familia que comenzábamos entonces bajo su protección, y mi marido Jorge tenía la ilusión de ir a alguna zona de montaña, para hacer escalada. ¡Resultó perfecto! El ramo lo preparó mi hermana Lola, para que llegase en buenas condiciones. Recorrimos una parte de los Pirineos, Monte Perdido, y otras ascensiones más. Desde entonces, ¡hace ya veintiún años!, siempre que hemos podido, hemos acudido a Torreciudad (www.torreciudad.org), para dar gracias a la Virgen y pedir ante las dificultades. Además aprovechábamos este viaje para recorrer esa zona tan llena de posibilidades, paisajes, deportes, historia… Claro que, con el tiempo, uno está menos en forma, y la montaña ya no se sube: “se pasea”.


Cuando alguno de mis cinco hijos me dice: “mamá, estás guapísima”, se me escapa una sonrisa agradecida, (ellos saben que me encanta que me lo digan), por esto mismo pienso que a la Virgen le gustará mucho oír los “piropos” que decimos al recitar el Rosario. Y qué me decís si viene tu hijo, y te dice: “mamá, te quiero mucho”. ¿Qué cara se nos pone? Y, cuando piden perdón con carita de pena: “mamá, perdónnnn”,  (y se prolonga esa “ene” mientras mira hacia abajo).


Nosotros, siempre que podemos, nos unimos a esta Jornada Mariana, para decirle a nuestra Madre del Cielo todas esas cosas que se le dicen a una madre cuando eres pequeño, y no tienes pudor, vergüenza o reparos, y para pedir por las necesidades de cada uno, por la Iglesia, por el Papa y… lo que uno quiera. Es una excursión un poco larga sí, pero que nos sirve para cantar, jugar, contarnos nuestras cosas, rezar… en una palabra, disfrutar.


El año pasado nos alojamos en unos bungalós, en un camping. El paisaje era precioso. Llegamos al caer la tarde, después de perdernos por una pista de montaña recorriendo unos cuantos kilómetros de más y, donde un zorro nos salió al encuentro y corrió un buen rato junto a nuestro coche. ¡Cómo disfrutaron nuestros hijos con esta pequeña aventura! A todos en mi casa nos encantan las reuniones familiares, que se alargan al ir contando cada uno sus cosas. Al llegar al camping nos encontramos con otras familias que también acudirían al día siguiente a Torreciudad. Comenzamos a sacar lo que llevábamos preparado para la cena, y de una forma espontánea, empezamos que si “quieres probar…”, que si “yo tengo…”, que “de dónde venís…”, que “os acerquéis…”, que “tú qué traes…”. Al final, cenamos varias familias juntas, a la que siguió una animada tertulia, “regada” con chupitos. ¡Qué bien lo pasamos!


Me viene a la memoria otra de las veces que acudimos a esta Jornada. Llevábamos ropa para estar “arregladitos” ese día, también ropa de deporte porque dormiríamos en un camping, algo de ropa de abrigo por si refrescaba por la noche, los trajes de baño, y las “viandas” para comer esos días –que nosotros seguimos llamando “la maleta blanca”-, en recuerdo de las excursiones que hacía con mi familia de pequeña. Mis padres tenían una cesta de picnic “de esas de antes”, de color blanco. Íbamos de excursión al campo los ocho hermanos y mis padres en el seiscientos, y cabía todo “milagrosamente”. Pero en esta ocasión, no había manera de que entrara todo. Gracias a Dios, otra familia amiga se ofreció y nos hizo un hueco en su maletero para meter parte del equipaje; aunque eso sí,  “todo a presión”.


Este año, el once de Septiembre, intuyo que las “gaitas asturianas” sonarán con especial fuerza y entonaremos todos el “Asturias patria querida…”, porque presidirá la celebración el arzobispo de Asturias: D. Jesús Sanz. Si Dios quiere, repetiremos. Y, como siempre, con la intención de que sea  un viaje “con billete de ida y vuelta”.

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