Una jubilación muy activa

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Mariano Posadas, supernumerario del Opus Dei, preside un Banco de Alimentos en Valladolid que ha distribuido un millón y medio de kilos de comida en el último año.

Mariano era el gerente de una fábrica de harinas. Cuando se jubiló en 1996 quería seguir siendo útil y ayudar a los demás. Fue entonces cuando un amigo, como Mariano, también del Opus Dei, le sugirió la idea de crear un Banco de Alimentos en Valladolid, semejante a los que ya existían en otras ciudades españolas. Mariano, padre de ocho hijos y con muchos nietos, no se lo pensó dos veces y se lanzó con otros cuatro amigos a lo que entonces les parecía una aventura utópica.

(J.L.G. Valladolid)

Un millón y medio de kilos de alimentos es una barbaridad…

Eso parece. Ni yo mismo me lo creo. Ni de lejos hubiera pensado en estos números cuando comenzamos nuestra andadura hace 10 años. Hemos ido creciendo poco a poco.

¿Cuántas personas trabajáis para conseguir este volumen?

Ahora somos cerca de 30 voluntarios, jubilados y prejubilados. Todos trabajamos de 10 a 2 de la mañana. Es un trabajo realizado con absoluto sentido profesional de media jornada. Además, los encargados de recoger alimentos con las tres furgonetas están disponibles las 24 horas. Hay que acudir a donde nos llamen para recoger los alimentos que se nos ofrecen a cualquier hora del día..

¿En qué consiste la tarea?

Fundamentalmente en conseguir y recoger alimentos excedentes de empresas, grandes superficies y sector agrícola para distribuirlos entre los más necesitados: entidades humanitarias, residencias benéficas, cáritas parroquiales, conventos con obras de caridad, asociaciones, grupos de inmigrantes… También realizamos intercambios con otros bancos de alimentos españoles.

¿Es fácil acertar con los “realmente” necesitados?

Sí lo es porque nosotros no donamos alimentos a particulares. Todo se distribuye a través de entidades que conocen muy bien las necesidades de las personas que los reciben.

¿A cuántas familias crees que llegáis?

En este último año a más de 10.000, de las que aproximadamente un 25% son inmigrantes, un colectivo que crece cada día. Muchos vienen con lo puesto y necesitan ayuda.

¿Son todos alimentos en buen estado?

Por supuesto. En muchos casos se trata de excedentes de producción agrícola o industrial. Hay otros que las empresas consideran de difícil comercialización porque la etiqueta está mal, porque la fecha de caducidad está cerca, porque han sufrido algún deterioro en los envases… Pero siempre son productos en perfecto estado para su consumo.

¿Cuántas empresas colaboran?

Muchas. Más de 60.

¿Qué medios tenéis?

Contamos con dos naves cedidas por el Ayuntamiento. Tenemos también varios vehículos donados por empresas.

¿Con qué ayudas contáis?

Conseguir las ayudas en los comienzos, cuando no había nada, fue lo más complicado. Hoy, sin embargo, aunque con muchos esfuerzos, solicitamos la ayuda de entidades públicas, financieras y de muchas empresas y particulares. Todo hay que currárselo día a día. Exige un gran esfuerzo y tenacidad, pero las cosas van saliendo.

¿Te costó mucho lanzarte a esta nueva empresa?

Sí y no. Cuando llega la jubilación uno acaricia la idea de tener tiempo por fin para dedicarse a tus aficiones y disfrutar de una vida más relajada. Pero yo siempre he sido una persona inquieta, quería hacer algo por los demás y me apasionó la idea de sacar este proyecto adelante..

¿Pero con 80 años uno ya está para jubilarse de todo?

Padezco de lumbalgias y he tenido una obstrucción coronaria, pero a pesar de estos achaques sigo teniendo fuerzas para estar al pie del cañón. Estoy convencido de que este aceptable estado de salud se debe a no haber dejado de trabajar. De no ser así, pienso que ahora estaría con la mente aletargada y quejándome de pequeñas dolencias y aburrido en un butacón de mi casa. Esto esta siendo una magnífica prórroga de mi vida profesional y social. Y Algo parecido les sucede al resto de los voluntarios.

¿Anécdotas?

En campañas que realizamos para recabar alimentos participan colegios y entidades similares…como una discoteca.

No entiendo…

Tiene su gracia pero este año una discoteca regalaba la entrada al que llevase un kilo de alimentos.

¿Alegrías?

En su conjunto es una tarea muy gratificante. Este año hemos recibido una carta que nos ha llegado al alma. Viene a decir que muchas gracias por las ayudas alimenticias, pero que lo mejor del Banco es la alegría y la amabilidad de todos los voluntarios. La Virgen también nos ayuda a mantener este espíritu. Por ejemplo, paramos a las doce para rezar el Ángelus.

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