El Opus Dei en Valladolid

Arribas en el Colegio Mayor Peñafiel: “las nuevas tecnologías potenciarán la radio”

Noviembre 25, 2009 · Dejar un comentario

 

Valladolid.- Bajo el título “La radio en la sociedad de la información” se desarrolló el viernes 20 de noviembre la XIX Jornada de Periodismo y Comunicación del Colegio Mayor Peñafiel, en la que se inscribieron 110 universitarios.

Pilar Garcés, Vicerrectora de Relaciones Institucionales de la Universidad de Valladolid y  Joaquín Esteban Ortega, Vicerrector de Alumnos y Extensión Universitaria de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, inauguraban oficialmente la Jornada.

En la primera ponencia, Lluís Rodríguez i Pi, adjunto a la dirección de la Cadena SER, realizó un análisis de la situación actual de la radio a través de su intensa carrera profesional. Las preguntas que le formularon los participantes giraron en torno a la carrera de periodismo, su importancia, sus límites y su complemento con otros estudios.


A continuación intervino el conocido periodista Javier Ruiz Taboada, colaborador de La Brújula y Radio Estadio. En un tono divertido y bajo el título “La radio y la palabra”, se refirió  a la importancia de contar con una amplia serie de recursos lingüísticos y figuras retóricas, evitando siempre tópicos manidos.  Igualmente dio algunos consejos útiles para que los futuros locutores allí presentes practicasen con uno de sus instrumentos clave de trabajo: la voz.

Por su parte, Antonio Virgili Rodríguez, Director de Relaciones Corporativas de la RTPA disertó sobre “La gestión de una empresa radiofónica en la era digital”. Desveló el original funcionamiento de la Televisión y Radio Pública Asturiana, en las que existe una única redacción que elabora la información para ambos medios, adecuando posteriormente el mensaje a las peculiaridades de cada uno.

Después del almuerzo en el comedor del Colegio Mayor, tuvo lugar la ya célebre y demandada tertulia en el salón de estar del Colegio. En un distendido ambiente, Javier Ruiz Taboada y Antonio Arenas, de Radio Marca, contaron variadas anécdotas y curiosidades sobre la radio “desde dentro” y se sometieron a las preguntas de los allí presentes.
Posteriormente tuvo lugar una mesa redonda en la que se debatía la viabilidad de las radios especializadas frente a las generalistas. Luis Vicente Muñoz, de Radio Intereconomía, resaltó la necesidad de las radios especializadas, al igual que existen profesionales especialistas en todos los demás ámbitos sociales. Por su parte, Edu García, de Radio Marca, defendió la radio especializada, que requiere formación y autoexamen continuos por parte de la emisora.

Por último, Javier Fernández Arribas, Director de Programas e Informativos de Punto Radio bajo el título “Desafíos de la radio: credibilidad y nuevos soportes”, se refirió a la credibilidad como el arma más importante del periodista. Esta requiere una intensa formación desde los años de la carrera y un duro y esforzado trabajo en la vida profesional. A su juicio, además, las nuevas tecnologías potenciarán la radio en el futuro, ya que gracias a las herramientas que proporcionan Internet y los reproductores digitales, el oyente puede elaborar la parrilla de programas a su gusto.

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José Jiménez Lozano en el Colegio Mayor Peñafiel

Noviembre 16, 2009 · Dejar un comentario

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“Que vuelva Sócrates”

Jiménez Lozano reclama los valores clásicos para salvar la Universidad

El Norte de Castilla, 13.11.09
Con su erudición a prueba de cualquier debate coyuntural, el escritor abulense José Jiménez Lozano, Premio Cervantes,  dibujó ayer un panorama apocalíptico del futuro educativo. El también premio Cervantes inauguró el curso en el Colegio Mayor Peñafiel, de Valladolid, con una clase magistral sobre el papel del universitario hoy ante un auditorio de jóvenes estudiantes y algunos profesores. El también periodista acabó apelando a la necesidad de «regresar a los tiempos socráticos», a que nos rescaten esos «25 ó 30 siglos que nos han precedido». El autor de ‘El mudejarillo’ dibujó un panorama cercano al acabose de la inteligencia, con un tiempo en el que «la falta de conciencia pone la alfombra roja a la barbarie» y el caos «está a la puerta».
El conferenciante aseguró que, siete siglos después de que se fundaran las primeras universidades, sus mentores primigenios «quedarían impresionados» de lo que se encontrarían en estos tiempos. Y esto a pesar de que la institución superior ha experimentado a lo largo de su historia de todo, «de la barbarie a la impostura», como «fábrica de malvados o de borregos; en esto siempre sobresalió».
En apenas 20 minutos de clase magistral, Jiménez Lozano hizo un brillante repaso por el papel de la ‘universitas’ a lo largo de la historia hasta llegar a las complejidades actuales. A este tiempo en el que «se cuestiona toda la realidad y eso incluye a la Universidad». La liquidación de todas las seguridades ha dado paso a una actualidad en la que «las cosas ya no son su esencia, no son lo que son, sino lo que decimos que son».

Con este relativismo, el pensamiento ya no es necesario y ahora «se pone la más alta inteligencia al servicio de la política». El mal puede ser el bien, y viceversa, y sólo les separa «un contenido semántico», continuó. Ante una realidad que ya no es necesaria y sólo existe en el atrio de lo virtual, Jiménez Lozano no encuentra sentido en «defender a una universidad, pero sí lo que debe significar».
Dedicó buena parte de su intervención en dotar de ‘GPS ético’ a a los jóvenes presentes para que sepan en qué mundo empiezan a navegar. Un tiempo marcado por «el terrorismo intelectual y moral de nuestra cultura».
Les advirtió contra el triunfo de la política en todos los órdenes, porque «el gran problema es que la cultura se considere de antes de ayer, mientras la política reclama instrumentos racionales, prácticos objetos moldeables».
Así, el mundo de la enseñanza está entrando en el «vulgar mercadeo» de la política, preñado de «utilitarismo e instrumentación».
Por eso, clamó por el regreso del cartesianismo, para continuar esa lucha contra el derribo de la enseñanza de las humanidades que ya empezó en el siglo XIX. Y recordó, antes de terminar, que el totalitarismo asoma la patita cuando se impone «el rebaje de la instrucción». Incluso reinventó el organigrama educativo, en el que se impone la Nivelación General Básica: «Todos iguales por la bajeza».

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JORNADA DE PERIODISMO EN EL COLEGIO MAYOR PEÑAFIEL

Noviembre 11, 2009 · Dejar un comentario

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El viernes 20 de noviembre de 2009, tendrá lugar la XIX Jornada de Comunicación y Periodismo del Colegio Mayor Peñafiel. La Jornada se celebrará en el salón de actos del Colegio Mayor (calle Estudios 6)  bajo el título “La Radio en la sociedad de la información”.

Recordamos que esta jornada está acreditada como Curso de Extensión Universitaria de Valladolid, y puede ser convalidada como un crédito de libre configuración a criterio del centro donde se solicite. Las plazas son limitadas, así que es necesario hacer una reserva de plaza rellenando el formulario al final de esta página o llamando por teléfono (983 298 277) al Colegio Mayor.

El precio de la Jornada es 10 EUROS (incluye comida en el propio Colegio Mayor Peñafiel).

PROGRAMA DE LA JORNADA “LA RADIO EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN”

10:00-INAUGURACIÓN DE LAS JORNADAS POR PARTE DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID Y DE LA UNIVERSIDAD EUROPEA MIGUEL DE CERVANTES.

10:30- LA RADIO Y LA PALABRA
-Ponente:
-    Javier Ruiz Taboada, Onda Cero

11:30.- LA GESTIÓN DE UNA EMPRESA RADIOFÓNICA EN LA ERA DIGITAL
-Ponente:
-    Antonio Rodríguez Virgili, Director de Relaciones Corporativas de la RTPA

12:30.- EL POTENCIAL DE LA RADIO COMO MEDIO INFORMATIVO
-Ponente:
-    Luis Rodríguez Pi, adjunto a la dirección de la cadena SER

14:00.-ALMUERZO

15.00.- TERTULIA: LA RADIO LOCAL ANTE LA GLOBALIZACIÓN

17:00.- “EL PAPEL DE LA RADIO ESPECIALIZADA vs A LA GENERALISTA”
-Ponentes:
-    Luis Vicente Muñoz, Radio Intereconomía
-    Julio Ruiz, Radio 3 (*)
-    Eduardo García, Radio Marca.

18:15.- “DESAFÍOS DE LA RADIO: CREDIBILIDAD Y NUEVOS SOPORTES”
-Ponente:
-    Javier Fernández Arribas, Director de Programas e Informativos de Punto Radio

(*) Por confirmar

Mas información

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Sacerdotes para el Siglo XXI

Noviembre 5, 2009 · Dejar un comentario

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El Aula Sacerdotal “Esgueva” de Valladolid celebró el miércoles 4 de noviembre la XVII Jornada sacerdotal en el Centro Cultural “El Rincón”, en Tordesillas. Bajo el lema “Año sacerdotal. Sacerdotes a la medida del corazón de Cristo”, intervinieron en el acto el doctor en filosofía Pablo  Blanco, profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y el popular escritor José Luis Olaizola, que entre sus muchas publicaciones, seis de ellas han tenido a sacerdotes como protagonistas. Más de sesenta sacerdotes asistieron a la Jornada.

Para el profesor Blanco, ante la crisis de imagen de los sacerdotes, el papa Benedicto XVI propone un nuevo modelo de sacerdote. El llamado santo Cura de Ars: un cura de pueblo que revolucionó la vida religiosa de la Francia  posrevolucionaria. El papa alemán no propone el cura-profesor o el cura guerrillero, sino el cura-cura. El que siempre está ahí: celebrando Misa, rezando, confesando,  o escuchando a la gente.

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Hace falta reformar la Iglesia y la figura del sacerdote -afirmó, siguiendo el pensamiento del Papa-. El secreto del sacerdote del siglo XXI consiste el de estar muy cerca de su modelo y de aquel al que representa: Jesucristo. Debe hacerlo presente en la Eucaristía y en los demás sacramentos, en sus sermones y prédicas, en su cercanía y en el servicio a todos. El sacerdote debe ser servidor o, con palabras de San Pablo: “servidor de vuestra alegría”, como le gustaba repetir al teólogo Ratzinger. En el fondo, el secreto de la reforma que sigue necesitando hoy la Iglesia, la “nueva primavera”, sigue siendo el de los primeros siglos, el del siglo XVI o el de la Francia de la Revolución francesa. Como dijo Benedicto XVI en Alemania, el país de la reforma.
Por su parte, el escritor José Luis Olaizola manifestó que entre los cientos de ejemplos había espigado algunos sacerdotes del siglo XX como propuestas para el XXI. Sacerdotes apremiados por el amor a Cristo.

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Uno de ellos era el Padre Federico Montealegre al que conoció en el año 95 junto con su esposa en el austral archipiélago de Chiloé, en Chile; un inválido que se desplazaba en silla de ruedas para atender a las almas que tenía encomendadas. Vivía en una pequeña cabaña en cuya entrada figuraba un póster gigantesco de san Josemaría Escrivá, al que tenía gran devoción y con quien mantenía “largas conversaciones”. Siempre muy ocupado con su abnegado servicio. La misa fue inolvidable. Después nos comentaría con un convencimiento absoluto “Yo soy feliz siempre! Feliz de poder servir a mi comunidad. ¡Soy tan feliz!”.

Otro de ellos fue el franciscano Hilario Sautié, al que conoció en la Habana. Hijo de masón cuyo padre le impidió seguir su temprana vocación sacerdotal. Se casó  y enviudó dos veces. Cuando se jubiló a los 64 años fue a ver al rector de la casa central de los franciscanos en Cuba –durante muchos años había sido terciario-. Se ofreció para realizar trabajos manuales. El rector le dijo: “vuelve dentro de una semana, vas a ser presbítero”. Aterrado, entra en el noviciado y tras estudiar cinco años se ordenó sacerdote. Ya tenía 4 hijos y varios nietos. En la modesta y conmovedora fiesta de ordenación, una invitada comentó que aquello parecía una boda.  La hija mayor contestó: “Es que es una boda. Mi padre acaba de casarse por tercera vez, pero en esta ocasión no se va a quedar viudo”.  D. Hilario respiraba alegría por todos los poros a sus setenta años y, según dijo, a pesar de lo feliz que había sido en sus matrimonios nada era comparable a la dicha de ser  sacerdote de Cristo.

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Mencionó también a Juan XXIII, quien manifestaba que no recordaba ningún momento de su vida en que no hubiera querido ser sacerdote. Olaizola aludió a su buen humor, contando chispeantes anécdotas sucedidas  a lo largo de su vida. “Lo que me parece edificante –señaló el escritor- es su coherencia de vida. Se empeñó en amar a Cristo y consiguió hacerlo con la misma sencillez cuando era un modesto cura, que cuando fue Papa de Roma. Siempre consciente de que su condición de sacerdote estaba por encima de todo”.

Se refirió también a un sacerdote europeo del Opus Dei que se trasladó a realizar su labor apostólica a Nigeria y que desde el primer momento se propuso muy seriamente comportarse como un nigeriano más. Tenía esto tan metido en el alma que cuando tuvo que trasladarse a San Johannesburgo y fue a saludar al obispo éste le preguntó  si en Nigeria había algún problema con la gente que no era de color. Plenamente convencido y ante el asombro del obispo le respondió: “Eminencia, allí somos todos de color”.

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Opus Dei en Valladolid: siete décadas de fe y mundo

Octubre 26, 2009 · Dejar un comentario

Con motivo de este aniversario se celebró el sábado una Jornada con el título “Fe y Mundo” en el Centro de Congresos de la Feria de Muestras de Valladolid.

25 de octubre de 2009
El Norte de Castilla

Decenas de personas celebraron ayer en el auditorio de la Feria de Muestras el 70 aniversario de la llegada del Opus Dei a Valladolid con una jornada de conferencias en la que participaron Pablo Pérez, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid; Paola Binetti, diputada del Parlamento italiano, y Juan Manuel Mora, vicerrector de la Universidad de Navarra y trabajador del departamento de comunicación del Opus Dei en Roma entre 1991 y el 2006. Bajo el lema Fe y Mundo, celebraron esta jornada conmemorativa «con sencillez y sobriedad castellana, como corresponde a esta tierra».

Público Fe y Mundo

Setenta años que, tal y como recordaron durante la jornada de ayer, comenzaron a raíz de los viajes que jóvenes universitarios realizaban desde Madrid. «Estos jóvenes compaginaban sus estudios con extender la labor por toda España», explica Alberto García Chavida, de la oficina de información del Opus Dei en Valladolid. «En aquellos tiempos conocieron a Teodoro Ruiz, persona que quedó fascinada por la personalidad de San Josemaría», añade. Teodoro Ruiz estudiaba Derecho, tenía novia y ya habían comprado un piso al que mudarse una vez que hubieran contraído matrimonio. «Sus planes cambiaron, y de hecho, ése piso fue el primer centro del Opus Dei en Valladolid, que así fue la tercera ciudad de España en tener una labor apostólica de forma continuada», añade.

Primero fue Madrid. El Opus Dei nació allí en 1928 y varios universitarios y profesionales jóvenes «se pusieron en contacto con la Obra». «En 1936 se preparaba la expansión de la labor a Valencia, pero el inicio de la Guerra Civil truncó estos planes y hubo que esperar al final del conflicto para marchar a la ciudad del Turia». Pronto comenzaron viajes periódicos a otras capitales, como Valladolid o Zaragoza, y «aunque se pusieron centros en otras ciudades a principios de los años cuarenta, se mantenía una estrecha relación con el centro de Madrid».

Casa de El Rincón
El inicio de la labor estable en Valladolid tuvo lugar en la casa de El Rincón, en la calle Montero Calvo en el año 1941. La inauguración del Colegio Mayor Peñafiel, obra corporativa, tuvo lugar 40 años después. Entre los hitos del Opus Dei en Valladolid, sus miembros recuerdan «la visita de Álvaro del Portillo, primer prelado y sucesor de San Josemaría, en el año 1988». Además, disponen de una casa de retiros en una finca de Tordesillas, abrieron el Colegio Alcazarén en La Victoria y en marzo del 2005 la ciudad recibió la visita de monseñor Javier Echevarría, prelado del Opus Dei. Las iniciativas de carácter social y educativo son variadas, «pero aunque son relevantes, no son lo más importante. Lo específico del Opus Dei es enseñar a los cristianos corrientes a ser mujeres y hombres de oración. Eso es lo nuestro», explican.

Hoy, en Valladolid, cerca de mil personas pertenecen al Opus Dei. «La mayoría madres y padres de familia. También hay 26 sacerdotes de la Prelatura. Somos una organización desorganizada, los fieles del Opus Dei participamos en algunas actividades de carácter formativo, y luego cada uno hace su vida como Dios le da a entender», explica García Chavida. Esas tareas formativas, aseguran, tienen que ver con «el mensaje central del Opus Dei».

«Ante el desencanto y la pérdida de valores trascendentes, la alegría y optimismo es siempre algo a tener en cuenta. Claro que no es fácil, pues hay que vencer una cierta inercia y el pasotismo de determinados ambientes, pero esto ha de ser un aliciente, es como todo un reto que nos planteamos», afirman.

«Limonada del limón»

¿Y lo de ‘El código da Vinci’? «Hemos hecho limonada con el limón. Y me consta que son unos cuantos los que se han acercado a nosotros precisamente por el revuelo montado. Nos ha llevado a espabilar y eso siempre es bueno», añade García. «La autocrítica no siempre es fácil. En el Opus Dei hay bastante autocrítica. Yo me examino todas las noches, pero por encima de todo está el amor a Dios que todo lo comprende. El Opus Dei no es para gente buena, sino para gente que quiere mejorar acercándose a Dios», concluye.

En la organización de la jornada, coordinada por la Oficina de Información de la Prelatura, han colaborado también la Asociación de cooperadores de la Prelatura del Opus Dei y la Agrupación de Antiguos alumnos de la Universidad de Navarra en Valladolid.

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Vicario del Opus Dei en Castilla y León: «Los sacerdotes tendríamos que «vendernos» mejor»

Octubre 26, 2009 · Dejar un comentario

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ABC (Domingo, 25-10-09)

POR HENAR DÍAZ

El pasado mes de mayo, Ignacio Font fue nombrado nuevo vicario para la delegación de Valladolid de la prelatura del Opus Dei, que abarca Castilla y León, Asturias y Cantabria. De origen catalán, aunque dice ser de muchas partes tras vivir, entre otros lugares, en Galicia, Sevilla, Valencia o Pamplona, ha asumido su nueva responsabilidad en Valladolid, «con mucho ánimo» y con ganas de trabajar para ayudar a la gente de la Obra y a todo aquél que se acerque a las labores apostólicas «a alcanzar la santidad».

-¿Por qué decidió formar parte del Opus Dei?

-Ingresé en él siendo relativamente joven, después de una vida un poco azarosa, ya que quizá hice demasiado el gamberro de pequeño. Descubrí la llamada de Dios y vi que merecía la pena dedicar la vida intentar hacer el bien lo mejor que uno puede sin exclusivismos.

-Y en este tiempo, ¿Qué le ha dado la Obra?

-Me ha dado, sobre todo, la seguridad de que Dios me mira como un Padre, y entonces no hay que tener miedo a nada y a nadie. Y que uno puede ir por el mundo queriendo a toda la gente. El cristianismo no es un mensaje anti-nada ni anti-nadie, sino que es un mensaje a favor de la libertad, de la responsabilidad, de la vida…

-¿Cómo un abogado de profesión se ordena sacerdote?

-Después de 23 años ejerciendo la abogacía, al mismo tiempo que simultaneaba el trabajo con otras tareas relativas al voluntariado, recibí una llamada del prelado preguntándome si quería ser sacerdote, y pensé que hacían falta más sacerdotes que abogados. Así, además pensé que podía aportar toda mi experiencia profesional del conocimiento de la miseria y de las debilidades de los hombres.

-¿Cuál es el estado actual del Opus Dei en Castilla y León y Valladolid?

-La veo bien, pero te mentiría si no dijera que puede y debe crecer mucho la acción, hacerla más eficaz en colaboración con la Iglesia y tratando de ofrecer muchas posibilidades, porque no hay que cerrar el camino a nadie, y, a veces, quizá somos un poco dados a pensar en exclusivismos.

-¿Cuántos miembros tiene la Obra en esta delegación?

-En el ámbito de la delegación, que incluye Asturias y Cantabria y buena parte de Castilla y León, somos alrededor de 3.600, y Valladolid, en concreto, unos mil. De todos éstos, unos 70 son sacerdotes incardinados, es decir, propios de la Prelatura, y en Valladolid hay unos 25.

-¿Cómo ve las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia?

-Es obvio que el Gobierno actual tiene alguna serie de disfunciones respecto al planteamiento de la Iglesia, y éste no es sólo eclesial, sino que trata de defender aspectos esenciales de la vida. Atacan a la Iglesia pensando que queremos imponer algo, y no se trata de imponer nada, sino de defender al débil, en el caso del aborto. Lo mismo ocurre con otros aspectos, como la Educación para la Ciudadanía. Lo único que defiende la Iglesia es el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones, y el Opus Dei se adhiere absolutamente a las enseñanzas de la Iglesia.

-¿Qué piensa de los que opinan que la Iglesia no debería apoyar tan claramente manifestaciones como las que ha habido contra el aborto o Educación para la Ciudadanía?

-Les diría que los pastores de la Iglesia tienen derecho a determinar una serie de aspectos básicos del derecho natural. Y por tanto, tienen que pronunciarse. Además, creo que el movimiento provida asume gente de distintas posturas ideológicas.

-¿Por qué en la actualidad hay escasez de vocaciones?

-Pienso, por una parte, que es una vocación de sacrificio, de renuncia y eso hoy no vende. Me parece que los propios sacerdotes no lo hemos sabido explicar bien, y tendríamos que vendernos mejor. Si viviéramos una vida de entrega y de renuncia más alegre y más manifiesta a todo el mundo, posiblemente habría más vocaciones.

-La sociedad tiene a veces una imagen negativa de Obra. ¿A qué cree que se debe?

-Creo claramente que es por desconocimiento. Si el desconocimiento viene porque nosotros no nos hemos explicado bien, que quizá es verdad, pues tendremos que tomar nota y ver, aunque también es cierto que hay gente que funciona con unos clichés preconcebidos y ante eso es muy difícil. Yo siempre digo que lo mejor es que vengan y vean.

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«Nuestra oenegé defiende que haya un voluntario por cada usuario»

Octubre 22, 2009 · Dejar un comentario

La directora de Terral presenta su proyecto de intervención social en El Raval para su posible aplicación en Pilarica.

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El Norte de Castilla (21.10.09 )
VÍCTOR M. VELA | VALLADOLID

«No sé si voy a poder con esto». La frase sobrevoló los pensamientos de Victoria Guindulain apenas unos segundos, el tiempo que transcurrió desde que pisó por primera vez en el Raval de Barcelona (en el 2007) hasta que se remangó y sus manos se pusieron a trabajar con los más desfavorecidos. A la entrada del barrio, el felpudo estadístico no daba la bienvenida precisamente con una sonrisa. 45.601 habitantes en poco más de 11 kilómetros cuadrados. El 47,4% inmigrantes (la mayoría pakistaníes, filipinos, marroquíes), uno de cada tres habitantes sin trabajo, casi tres mil ancianos que viven solos, 1.250 viviendas subarrendadas y ocupadas por ’sin papeles’, alta concentración de vagabundos, de indomiciliados, de ’sin techo’. «No sé si voy a poder con esto», pensó Victoria al llegar al barrio. Ayer, delante de las alumnas del colegio mayor Los Arces (en la calle de la Pasión) reconoció que sí, que sí que pudo.

-¿Y cómo lo hizo?

-La oenegé Terral trabaja desde el año 2002, pero su labor comenzó mucho antes.
-¿Cuándo?

-En 1954, en torno a la iglesia de Montealegre. La parroquia llevaba a cabo una labor social muy sencilla, ayudar a los más necesitados dando alimento y sustento, colaborando en el arreglo de las casas. Así empezó todo.
-¿Y ahora?
-Es una labor más completa, un apoyo socioeducativo. ¿Sabes lo que es el modelo ‘one to one’?
-Ni idea.
-Pues se trata de un proyecto de voluntariado que nosotros copiamos de Estados Unidos. Se traduce como ‘uno por uno’ y propugna que cada voluntario trabaje con una persona a la que presta una dedicación casi completa para que con su ayuda pueda salir de la situación de miseria en la que se encuentra.

-¿Y hay tantos voluntarios?

-El año pasado conseguimos 150 usuarios y 150 voluntarios. Este año hemos empezado el curso el 15 de septiembre y lo hemos hecho con 56 chicas desde tercero de Primaria hasta segundo de Bachillerato y 60 adultos, la mayoría madres de las otras participantes y de 28 nacionalidades distintas. Es muy importante porque así conseguimos la integración de toda la familia.

-¿En qué consiste el apoyo?

-Es un refuerzo al estudio. Las voluntarias dan clase de lengua (castellana y catalana), talleres de costura y cocina, clases de informática, baloncesto… Queremos que los chavales lleguen a superar la ESO, el Bachillerato o la Universidad, que saquen sus estudios, su carrera. Y que los adultos puedan encontrar trabajo.

-¿Y se consigue?

-Tenemos una historia muy bonita. Al final del curso hicimos una sesión de formación de voluntarios e invitamos a una persona que fue alumno del proyecto en Chicago. Era hijo de inmigrantes mexicanos, lo tenía muy complicado para salir adelante, en un barrio muy desfavorecido. Hoy es directivo de una empresa. Bueno, pues nos dio las gracias a todos los voluntarios porque, como nos explicó, el también tuvo una persona que le apoyó… y lamentaba no habérselo agradecido cuando pudo.


-Y está en Valladolid…

-Queremos ver si este modelo se puede aplicar aquí. Hemos estudiado Pilarica como el barrio donde traer este sistema de voluntariado ‘one to one’. He explicado a las alumnas del colegio mayor cómo funcionamos allí.

-Pero El Raval es un barrio muy complicado.
-Malos tratos, prostitución, mujeres en situación de inseguridad…


-La sede de la oenegé será como una burbuja.

-No, pero lo parece. Yo me pateo el barrio sin problemas, lo conozco, ahora nos movemos como pez en el agua. No nos hemos tenido que promocionar, ya nos conocen y nos protegen. Estamos a su servicio, de ellos y de sus hijos. Y lo agradecen.
-¿Y qué se necesitaría aquí?
-Una red de voluntarios potente. Allí en Barcelona son personas que viven en la zona alta de la ciudad, que tienen una cierta preocupación intelectual e ilusión, ganas de trabajar y de ir a por todas

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Las heterodoxias de San Josemaría

Octubre 7, 2009 · Dejar un comentario

Jesús Fonseca

El Día de Valladolid.- 6.IX.09

De temperamento fuerte y enérgico, Josemaría Escrivá de Balaguer, anticipativo y muy impulsivo, no dejaba indiferente a nadie. El curita -que es como le llamaba el director del diario La Nueva España de Huesca- era un hombre de carácter. No dejaba pasar una. Divertido, también y de buen humor. Y tenía, desde luego, una fuerza arrolladora. Más de 90.000 personas de 100 nacionalidades distintas forman parte del Opus Dei en todo el mundo.

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El fundador de este gran movimiento católico, era proclama-do santo tal día como hoy, hace ahora siete años. Se trataba de «uno de esos santos que la Providencia divina suscita de tarde en tarde, a distancia de siglos, para renovar a la Iglesia», en palabras del cardenal Schuster. Escrivá de Balaguer es una de las personalidades más influyentes del siglo pasado. Me lo decía el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, hace un par de semanas. Naturalmente, no faltaron los detractores. Le acusaron de todo. Debió sufrir mucho. Aseguran los que le conocieron de cerca que, a su lado, se palpaba la alegría de vivir. Que todo, en él, en su modo de ser -sus gestos, sus palabras, su sonrisa constante, su mirada amable, alentadora- llevaba a Dios. Argumentan sus adversarios que estaba completamente chiflado. Y sostienen, con desprecio, que no se explican como un hombre de tan pocas luces pudo haber llegado tan lejos. Lo vi tres veces en mi vida. El hecho de haber nacido en un pueblo del Alto Aragón y ser periodista, facilitó los encuentros. El primero de ellos en Barbastro. Tenía yo 19 años y había escrito en La Nueva España un artículo incendiario contra el Opus Dei, al que acusaba de conseguir con malas artes la reja del coro de la catedral de Barbastro para llevársela al santuario, que estaban construyendo en Torreciudad. Vino Escrivá de Balaguer por aquellos días a re-zar ante esa Virgen a la que tanto devoción tenía y el director del periódico, Lorenzo Muro, que consideraba el Opus Dei como el más grande disparate y a su fundador como un grandísimo peligro para la humanidad me mandó a Barbastro. «Vete, me dijo. ¡A ver, a ver si son capaces de hacer-te algo! ¡Que se atrevan!» Y para allá que me fui. Al pasar San Josemaría -me había colocado yo, como buen gacetillero, en un lugar estratégico-, un hombre que iba a su lado le comentó algo. Me dio entonces la mano sin pronunciar palabra, pero volvió enseguida sobre sus pasos; me miró – ahora más fijamente- y dijo con una son-risa de oreja a oreja: «algún día nos que-rrás. Casi 40 años después, no me cabe la menor duda de la sobrenatural intuición de San Josemaría al fundar el Opus Dei. Nadie, hasta entonces, se había atrevido a decir que había que «amar al mundo apasionadamente». Que «el mejor oratorio es la calle». Algo que sonaba a herejía. Nadie a defender que la santidad es para todos. Que no están llamados sólo los sacerdotes y religiosos a vivir con plenitud la vida cristiana. Vamos, que no hace falta vestir hábitos para ser santo. ¡Menos mal! Un mensaje, basado en el amor al trabajo y la libertad, que no puede ser más válido, más actual. Otra cosa es la pertenencia al Opus Dei, que establece una exigencia que no es para todos, ni está, desde luego, al alcance de cualquier temperamento. Del mío, por ejemplo. Pero no por eso he dejado de reconocer siempre el buen hacer de aquel saetazo que nació en un pueblo muy cercano al mío. Ni la aportación entusiasta de sus hijos a la Iglesia universal. Su tenacidad y entrega. Pero lo mejor, lo mejor del Opus Dei, son sus mujeres. ¡Tan preparadas! Tan discretas. Me gusta su manera sencilla y eficiente de moverse. Su caridad, tan alegre, tan humana. Me quedo con ellas.

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“Entendí la Obra como una gran catequesis”

Septiembre 23, 2009 · Dejar un comentario

Elena Rodríguez
Elena Rodríguez Vargas es una vallisoletana de 38 años, la mayor de cinco hermanos. Conoció el Opus Dei con 19, a través de Alcazarén, un centro educativo del Opus Dei en Valladolid

17 de septiembre de 2009
¿Cuándo conociste la Obra?

Tenía 19 años, aunque unos años antes ya había oído hablar de ella. Mi mejor amiga y mis primas empezaron a estudiar en Alcazarén. Al ver que ellas asistían después de las clases a medios de formación cristiana, pregunté si no podría ir yo también. Me dijeron que eso era una cosa seria, y me lo tomé con responsabilidad. Por entonces lo que ya estudiaba me permitía trabajar al mismo tiempo y empecé a hacerlo en la administración de un Centro. Esos años de trabajo me ayudaron en primer lugar a poner orden en  mi vida y después a conocer mucho mejor la Obra.

¿Por qué te hiciste del Opus Dei?
Primero porque Dios lo quería, es una vocación, y lo entendí en su momento. Los acontecimientos se van entrelazando y empiezas a comprender tu vida de una forma distinta: todo encaja. San Josemaría decía que si contásemos el proceso íntimo de nuestra vocación todo el mundo juzgaría que es cosa del Cielo; yo también lo creo. A mí me costó. La pelea interior se intensificó las navidades del 93, y desde el mismo 23 de marzo, día en que don Álvaro del Portillo -el primer sucesor de San Josemaría- fallecía, hasta el 25 de junio, día en que hubiera celebrado en la tierra sus bodas de oro sacerdotales, mantuve una verdadera lucha. Al final me decidí a responder que sí a la voluntad de Dios y puedo decir que debo mi vocación a don Álvaro.

Tu comprensión de la llamada es clara, pero ¿por qué sabes que Dios lo quiere?
Porque conozco mis condiciones. Por ejemplo, es lógico que si soy coja de nacimiento, nadie me pida que compita en los juegos olímpicos corriendo los 100 metros lisos. Lo que se ve tan claro en lo físico, también se ve por dentro. Desde que tenía 16 años iba a Lourdes, como voluntaria, acompañando a enfermos; he ayudado en las piscinas; en los comedores… Ves muchas cosas; pero lo que verdaderamente me arañaba el alma no era la falta de salud, sino la falta de formación sobre la fe católica que encontraba en gente muy buena. Personalmente no siempre hacía las cosas bien, pero cuando fallaba, sabía que lo había hecho mal. En cambio, me encontré con muchas personas que no conocían siquiera que ofendían a Dios. Cuando conocí el Opus Dei, pronto entendí la Obra como “una gran catequesis” (expresión que le gustaba decir a San Josemaría) y esto calmaba mi inquietud.

Una entrega total es exigente hoy en día, ¿ha sido difícil para ti renunciar a un amor en la tierra y formar una familia?
Una vez que Dios me hizo ver que me quería en el Opus Dei, me hizo comprender que necesitaba un amor exclusivo. Esto no quiere decir que me considere autosuficiente; necesito de los demás como cualquiera; para otras personas, el matrimonio es considerado un escalón para el Cielo; en mi caso, el celibato es la rampa por donde yo lo alcanzo. En los dos casos cuesta subir, porque ganar el Cielo requiere esfuerzo.

Elena Rodríguez 2
¿Cómo descubriste que Dios te quería como Numeraria Auxiliar?

La verdad es que no me veo en otro sitio dentro del Opus Dei. El trabajo de la administración saca lo mejor de mí, y no me refiero simplemente a la habilidad manual, aunque ciertamente es una satisfacción poder hacer mejor las cosas cada día, sino a la oportunidad que ese trabajo me brinda para servir a los demás. El servicio es el núcleo de cualquier trabajo.
¿Cómo sacas lo mejor de ti misma?
Porque es una escuela de virtudes, un entrenamiento sin el que no hubiera alcanzado humanamente buena parte de lo que ahora soy. Por otro lado, lo que es más importante en la administración, se trata de un servicio directísimo a Dios. En primer lugar, por cuidar los oratorios de los centros del Opus Dei y, en segundo, porque cuidas de personas del Opus Dei. Lo realmente maravilloso de mi labor no es otra cosa que hacer familia, hacer hogar. Los que pertenecemos a la Obra tenemos la conciencia de ser familia porque lo vivimos a diario y lo comprobamos.

¿Podrías poner algún ejemplo?
Pues sí, lo palpo en lo que yo llamo “los milagros de la administración” que son esas coincidencias que hacen que seas oportuna, que des a una persona lo que realmente necesitaba en ese momento. Suceden cosas graciosas, como que venga un invitado y, sin saberlo, prepares su plato favorito; que en un cumpleaños la decoración traiga a la memoria recuerdos de infancia, etc.

¿Y ese servicio es mutuo?

Por supuesto. Cada uno en su casa aporta todo lo que puede para dar el menor trabajo posible. En los 15 años que llevo trabajando he visto como cuando llego a limpiar encuentro habitaciones recogidísimas, baños ordenados… En fin, como en cualquier familia, porque donde hay cariño todos tienen cuidado de los demás y lo demuestran a la primera oportunidad.

Para ir terminando, ¿solo te dedicas al trabajo de la administración o lo concilias con otras actividades?

El tiempo que no dedico a la administración lo invierto en la formación de gente joven. Trabajo en un proyecto educativo enfocado a preparar humana y espiritualmente a las personas que frecuentan el centro donde vivo para que el día de mañana sean buenas hijas de Dios, buenas profesionales, ciudadanas y madres de familia, si es el caso. Por descontado mi especialidad es todo lo que favorece el hacer familia. Tengo comprobado que si alguien aprende a convertir su casa en un hogar se gana a toda la familia.

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“Me siento la mujer más feliz del mundo”

Septiembre 23, 2009 · Dejar un comentario

Chus Puente 1

Chus Puente nació hace 32 años en Valladolid. Los valores sembrados por sus padres y el paso por el Colegio Alcazarén, obra corporativa del Opus Dei, fueron decisivos en la trayectoria de esta mujer.

20 de julio de 2009

Chus Puente nació hace 32 años en Valladolid, su padre es albañil y su madre ama de casa; aunque la vida les ha dado duro, nunca les ha faltado la alegría, y siempre han tenido el empuje necesario para sacar a sus cuatro hijos adelante. Los valores sembrados por sus padres y el paso de Chus por el Colegio Alcazarén, obra corporativa del Opus Dei, fueron decisivos en la trayectoria de esta mujer.

En toda trayectoria personal siempre hay un antes y un después. ¿Cómo era la Chus de los primeros momentos?

Mi adolescencia estuvo marcada por los vaivenes típicos de esa edad. En ella se mezclaron rebeldía y responsabilidad, fruto quizás de esa marca de libertad y respeto que mis padres procuraron imprimir en la educación que nos dieron a todos los hermanos. Mi apariencia externa llevaba a más de uno a dirigirse a mí con el apelativo de macarra, quizás por la chupa de cuero y las botas de militar que acostumbraba a vestir por aquel entonces.

Juerguista era un rato: cuando salía con la pandilla me encantaba acudir a las fiestas, bailar, y divertirme de una manera sana. Eso sí, mi vena responsable salía a relucir a la hora de llegar a casa; si quedaba a una hora con mis padres, llegaba puntual por encima de todo.

En fin, que quería vivir la vida y disfrutar de ella al máximo. Por eso, a la hora de elegir mi futuro profesional pensé en algo corto, que me facilitara ganar dinero enseguida y opté por hacer FP (Formación Profesional) Administrativo, que era lo que se llevaba.
Chus Puente 2

Y Dios, ¿contaba algo en tu vida por aquel entonces?

Dios, por aquellos años, contaba muy poco en mi vida. Creía, pero a mi manera. Ahora pienso que no había en ello malicia sino, más bien, falta de formación que me llevó a no valorar los Sacramentos.

¿Qué te llevó a cambiar?

Un día, vinieron al centro donde estudiaba unas profesoras del colegio Alcazarén para hablarnos de Hostelería y Turismo. Según iban explicando parecía la profesión del futuro y a medida que nos hablaban de sus ventajas me daba cuenta de que era lo que estaba buscando (profesionalmente): algo rápido y efectivo, que me diera dinero ya.

De repente, una amiga levantó la mano y les preguntó si eran del Opus. Como con un resorte, me giré hacia ella y le dije “¿qué dices? ¿qué es eso?”, pues nunca había oído hablar de esto. Ahora, tras el paso de los años, puedo decir que ahí empezó mi cambio radical.

Pero me imagino que algo verías en Alcazarén que te llevara a plantearte la vida de otra manera. ¿Qué aspectos te interpelaron más?

El primer impacto, cuando me presenté con mis amigas en Alcazarén, fue especial: la sonrisa de la que me abrió la puerta y la sensación de encontrarme en una casa, aunque de mayores dimensiones a las habituales; para nada parecía un colegio. Más tarde, cuando me matriculé –era el curso 91/92– me ayudó mucho la tutora personal que puede elegir cada alumna del colegio. Congeniamos estupendamente y resultó para mí de gran ayuda, no sólo desde el punto de vista profesional, sino personal pues con ella fui hablando y resolviendo, en un clima de libertad, dudas que me iban surgiendo, inquietudes que me asaltaban.

Poco a poco fui descubriendo otro mundo que hasta entonces no existía para mí; empecé a ver lo de cada día desde una tercera dimensión: la espiritual. Durante ese curso Dios empezó a contar un poco más en mi vida: me acostumbré a saludarle en el oratorio, siempre que llegaba o me iba de Alcazarén; empecé a ir a Misa algún día entre semana y, sobre todo, a darle al estudio un sentido nuevo, porque al ofrecérselo a Dios empezaba a tener un valor mucho más grande del que había tenido hasta ese momento.

Chus Puente 3

Y todo esto que nos cuentas, ¿no chocaba un poco con el ambiente en el que anteriormente te movías?

Claro que chocaba, y de hecho, esos primeros pasos no fueron del todo firmes; me influía la opinión que mis amigas tuvieran sobre mis decisiones. Me faltaba todavía firmeza para vivir los fines de semana con los mismos objetivos que lo hacía el tiempo que estaba en Alcazarén.

¿Qué otros aspectos ayudaron a que en tu vida se fuera dando un cambio tan notorio?

Creo que mis disposiciones empezaron a afianzarse cuando fui a Roma una Semana Santa, y en ello tengo que reconocer que hubo tres acontecimientos que me marcaron especialmente.

En primer lugar ver al Papa Juan Pablo II. Al mismo tiempo, y no se bien explicar su porqué, la emoción que me produjo conocer a don Álvaro del Portillo, entonces Prelado del Opus Dei, a quien yo no conocía. Me caló hondo su cercanía, su cariño y esa paz que irradiaba; tuve la sensación de tener a mi lado un auténtico padrazo.

El tercer hecho importante y definitivo fue el de empezar a sospechar que Dios podía querer un poco más de mí: no sólo de mi tiempo o de una visita al oratorio, sino de una entrega total como Numeraria Auxiliar.

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La llamada de Dios es exigente y a veces da miedo, ¿experimentaste esa reacción ante tal circunstancia?

Sí, claro. Mi resistencia, desde un principio, fue total. Por mi cabeza pasaban otros modos de vida dentro del matrimonio; me parecía excelente traer hijos al mundo y formarlos para que se entregaran a Dios, etcétera. Con esos planteamientos intentaba justificar mi falta de respuesta total a esos requerimientos.

Allí, en Roma, visité la cripta donde descansan los restos de San Josemaría y, aunque le pedí que me ayudara a tomar una determinación con valentía, seguí retrasando la respuesta.

¿Te costó mucho dar el paso definitivo?

Un poco. Al volver de Roma pasé un año en el que, sin dejar de asistir a los medios de formación, iba dando largas a ese tema.

Además, ese verano empecé a salir con un chico y duramos hasta el 9 de enero, día del cumpleaños de San Josemaría. En ello vi claramente su mano. Después, un 25 de marzo, tuve la oportunidad de hablar con Encarnita Ortega que me contó que San Josemaría le había dicho que necesitaba un puñado de mujeres valientes para hacer el Opus Dei, me animaron a tomar, días más tarde, la decisión de pedir la Admisión como Numeraria Auxiliar.

Me atraía la idea de ser madre y de hacer de los Centros del Opus Dei un hogar. Me sentía interpelada por la posibilidad de cuidar y velar por el espíritu de familia, con cada pequeño detalle material del cuidado de la casa y de la comida.
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¿Qué hay detrás de la entrega como Numeraría Auxiliar que te haya llevado a tomar ese determinación tan importante?

Mi misión, por llamarlo de algún modo, desde entonces ha sido la de poder colaborar en la lucha por alcanzar la santidad de la gente que cuido facilitándoles, al mismo tiempo,  que puedan dedicarse a la labor apostólica y profesional que tengan.

A través de mi trabajo tengo la gran suerte de servir con mil detalles pequeños a las personas que cuido a través de cosas sencillas como rezar por la persona que va a ocupar el sitio de la mesa del comedor que estoy poniendo; al hacer la comida, al limpiar la habitación o planchar la ropa tener en la cabeza a la gente que vive en ese centro o los planes que van a tener ese día… En fin, todos esos detalles que tiene cualquier madre y mujer con las personas a las que quiere, ofreciéndoselos, al mismo tiempo, a Dios.

Actualmente, ¿a qué te dedicas?

Actualmente hago compatible el trabajo de la administración con impartir la asignatura de Preelaboración en el colegio Alcazarén. Me gusta mucho dar clases, porque además de enseñar unos contenidos de cocina, intento ayudar a los alumnos a trabajar bien, valorando no solo las cosas pequeñas de orden, limpieza, etc., sino también la dimensión de servicio y trabajo en equipo, de manera que, a través de ese oficio, puedan forjarse virtudes humanas y mejorar como personas.

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